Cómo hacer un poco más sencilla esta vuelta al cole tan atípica

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Si toda vuelta a la rutina y comienzo de curso resulta ya de por sí complicada, puesto que septiembre siempre implica pasar por un proceso de cambio de hábitos y adaptación, este año, después de todo lo que hemos vivido y seguimos viviendo, será para muchos niños, familias y docente más complejo e intenso si cabe.

Sin embargo, a pesar de las dificultades que esta situación presenta (la falta de recursos, la incertidumbre, las preocupaciones y los miedos que se nos despiertan), tengo la suerte de ser testigo del enorme esfuerzo que muchísimos educadores, docentes y familias están haciendo mano a mano para que esta vuelta a las aulas sea lo más llevadera posible para todos y, en especial, para nuestros niños/as y adolescentes. Ya que, por desgracia y como ocurre muchas veces, estos suelen ser los grandes perjudicados.

Por esa razón, este post no pretende ser una lista de recetas mágicas o soluciones teóricas sobre cómo podemos facilitar una vuelta al cole segura a nivel logístico y, sobre todo, a nivel emocional, sino más bien mi pequeña aportación a modo de agradecimiento u homenaje a todos los docentes y familias que están poniendo todas sus ganas y fuerza para que cada niño/a y adolescente de este país se sienta lo mejor posible en esta vuelta al cole tan atípica que arrancamos.

En primer lugar, lo que me gustaría recordar es el hecho de que cada persona es distinta, se encuentra en circunstancias diferentes y vivirá esta situación a su manera, por lo que resulta fundamental que intentemos no juzgarnos los unos a los otros y respetemos siempre todos los puntos de vista. Tengamos presente que hay algo que nos une y eso es: “nuestra condición de seres humanos emocionales”. Es por ello que, desde ese mismo enfoque, quiero contribuir aportando 5 claves que considero esenciales para fomentar una vuelta a las aulas emocionalmente segura 😉 Así que, si te interesa, toma nota y rememos juntos en la misma dirección:

1.Suelta tus expectativas y exigencias: En el día a día nuestra mente nos bombardea con pensamientos que a veces nos resultan muy poco útiles sobre aquello que se supone que debería pasar, lo que deberíamos hacer y no hemos hecho, etc. Si ya en cualquier situación cotidiana este tipo de pensamientos no nos aportan demasiado valor, en una situación como la que vivimos actualmente aún menos. Por lo tanto, intentemos mantener a raya nuestra exigencia y expectativas. Seamos flexibles con nosotros mismos, con los demás y con las circunstancias. Para ello, es esencial que tengamos presente que esta situación es completamente nueva para absolutamente todos y necesitamos mucha paciencia y tiempo para la adaptación. Seamos amables con nosotros mismos y los demás.

2. Pongamos este curso el foco en lo emocional y no tanto en lo “académico” o curricular: Trabajar la inteligencia emocional de niños/as y adolescentes es fundamental para proporcionarles las herramientas que necesitan para llegar a desarrollarse de manera sana en cualquier contexto. Y, una vez más, esta situación convierte este hecho en un aspecto no solo importante, sino necesario. Además, no podemos perder de vista que para que se produzca un aprendizaje efectivo a nivel académico, primero tenemos que garantizar que el terreno esté abonado con buenos nutrientes como: la motivación, la curiosidad, las ganas, la receptividad, etc., elementos que solo podemos conseguir si ponemos el foco primero en lo emocional y después en lo curricular, no lo olvides.

3. Creemos espacios de escucha, en casa y en las aulas, donde tanto adultos como pequeños podamos compartir libremente cómo nos sentimos ante esta nueva realidad llena de incertidumbre y novedades. Algo tan aparentemente sencillo como sentir que podemos compartir y expresar nuestras preocupaciones, emociones e inquietudes libremente sin miedo a ser juzgados o silenciados nos da seguridad, confianza y calma. Así que facilitar desde las familias y las escuelas estos espacios de escucha nos proporcionará a todos enormes beneficios socio-emocionales.

4. Ayudémosles a seguir las pautas establecidas ofreciéndoles rutinas e indicaciones claras, sencillas, concretas y flexibles. Hacer que los niños/as y adolescentes sepan qué necesitamos de ellos es una tarea que está en nuestra mano. Si queremos ganar su colaboración es importante que les facilitemos la comprensión de nuestros mensajes o indicaciones. Usemos frases sencillas y claras, evitemos protocolos largos o ambiguos sobre las rutinas establecidas en casa o en el aula, etc. Por ejemplo, podemos usar pequeños estímulos visuales como imágenes, tarjetas, indicadores, etc., que refuercen nuestros mensajes y sirvan de anclas o recordatorios. Recuerda, pasito a pasito será más fácil para todos, así que divide los protocolos en pequeños pasos intermedios para que nos resulte más sencillo a todos integrar un nuevo hábito.

5. Trabajemos en equipo. Impliquemos a los niños/as y adolescentes en las soluciones a los retos o problemas que nos encontremos una vez nos hayamos puesto en marcha. Para ello, es esencial que les preguntemos sobre qué se les ocurre que podemos hacer distinto cuando algo no funciona, que le involucremos en las rutinas o soluciones dándoles voluntariamente a cada uno un rol o tarea que puedan elegir para facilitar así que se sientan partícipes y útiles en esta nueva situación.


La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón.” 

Howard G. Hendricks


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