El reto de estar PRESENTES a la hora de educar

baby-2981946_1920

Hay instantes en los que el tiempo se detiene. Momentos en los que nos sentimos tan PRESENTES que pareciese como si lo único que existiese en ese entonces fuese la sensación de aquello que estamos viviendo y experimentando con gran intensidad. Por ejemplo: cuando un ser querido nos da un abrazo, cuando sentimos un rayo de sol en la piel, cuando experimentamos el sabor de ese café que estamos bebiendo y que tanto nos gusta, cuando tenemos a nuestro/a hijo/a en nuestro regazo y percibimos ese olor suyo tan característico que nos conecta con el amor más puro y profundo que podemos sentir. Esos instantes en los que nuestra atención y nuestra mente están ahí sin más, viviendo lo que toca experimentar. En el aquí y el ahora: lo único que tenemos.

Sin embargo, en muchísimas otras ocasiones nuestra atención se dispersa y nuestra mente se va de viaje por el tiempo, buscando recuerdos del pasado, atrapada en preocupaciones o planificaciones de futuro. Y así, sin darnos casi cuenta, se nos escapa el día estando sin estar la mayoría del tiempo y relacionándonos en muchas ocasiones con las demás personas que nos rodean (parejas, amistades, familia, hijos, compañeros de trabajo) desde nuestro modo piloto automático, incluso sin ser demasiado conscientes de lo que podemos estar generando en el otro por relacionarnos desde ese lugar de poca presencia.

Por ello, te invito a que hagamos juntos un pequeño ejercicio ¿recuerdas la última vez que tu hijo te estaba contando algo que para él o ella en ese momento era realmente importante desde su perspectiva de niño/a y tu atención y escucha no estaban precisamente en aquello que te estaba contando a pesar de que tú sí estabas ahí oyendo lo que él/ella decía?, ¿recuerdas cuándo fue la última vez que ante una situación difícil de gestionar o un reto educativo tu mente te llevó a pensar que como no pusieses remedio a esa situación ya mismo el próximo paso sería llamar a “Hermano Mayor” y ese pensamiento hizo que se disparara el miedo y la ira y desde ahí reaccionaste de una manera poco útil y positiva para solucionar aquella situación?

Si esto te ha pasado en alguna ocasión, enhorabuena, eres una persona normal. Sí, a todos nos ha pasado, nos pasa y nos pasará. En ocasiones resulta muy frustrante ver cómo en el día a día estos episodios nos llevan a sentirnos culpables a posteriori porque nuestra mente nos jugó en ese momento una mala pasada y estábamos ahí, pero sin ESTAR. Y entonces fue cuando nuestros peques, nuestras parejas, etc. se dieron cuenta de que en realidad no estábamos PRESENTES o que nos estábamos dejando llevar por pensamientos de futuro poco prácticos e hipotéticos sobre cosas que en ese momento no estaban ocurriendo y en vez de ayudar a nuestro hijo o hija a gestionar aquello por lo que estaba transitando (una rabieta, un disgusto, una necesidad o un capricho) en este momento, nos hemos conectado con nuestro miedo o enfado y desde ahí nada bueno ocurrió.

Precisamente, esos son los momentos en los que no somos capaces de educar de manera consciente o lo que es lo mismo, educar estando verdaderamente PRESENTES. Pero, si todos y todas queremos hacerlo ¿qué nos lo impide?. El estrés del día a día, las obligaciones o mismamente la falta de tiempo… Muchos y muy frecuentes son los factores que nos hacen la labor educativa aún más intensa y compleja de lo que ya es en sí misma. Por esta razón, no podemos olvidar que si no cultivamos de manera consciente un espacio mental que nos permita poder alcanzar el estado de presencia que necesitamos para poder relacionarnos con nuestros hijos e hijas de manera sana y positiva, cultivando así nuestro vínculo familiar, ayudándoles a desarrollar sus capacidades socio-emocionales y abriendo un canal de comprensión, comunicación y colaboración, será entonces cuando el día a día en casa se vuelve cada vez más complicado y las relaciones familiares se vean empañadas por aquellas cuestiones que precisamente son las que queremos evitar.

No, desde luego que educar de manera consciente no es en absoluto una labor sencilla. Las relaciones interpersonales en general no lo son. Y es que en realidad las propias personas tampoco lo somos. Es por ello que trabajarnos a nosotros mismos siempre es el primer paso. Aprender a entrenar nuestra mente y nuestra atención para no dejarnos arrastrar por pensamientos improductivos, dañinos o poco útiles resulta esencial para poder así dar respuestas conscientes y no respuestas reactivas ante los retos educativos a los que nos tenemos que enfrentar en nuestro día a día.

Ser adultos conscientes, responsivos y capaces de estar verdaderamente presentes cuando se nos necesita no es una tarea fácil. No obstante, es lo único que nos permitirá poder disfrutar de nuestra maternidad/paternidad, educar con propósito, facilitarle a nuestros hijos/as a través de nuestro ejemplo y acompañamiento herramientas para su vida y sentir que cada día que pasa lo estamos viviendo de verdad mientras cultivamos el jardín más preciado que tenemos las personas: nuestra familia.

Merece la pena intentar dar el paso a pesar de las dificultades ¿no crees? Por nosotros/as mismos/as y por ellos/ellas… En definitiva, por la sociedad que todos merecemos y por el legado que queremos dejarles ¡Eduquemos de manera consciente, eduquemos en positivo! 🙂


“Lo que se dé a los niños, los niños lo darán a la sociedad.”

Karl A. Meninger


 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s