Celos: cuando el afecto que recibimos se ve amenazado.

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Celos. Ese sentimiento que nos desata un verdadero tsunami emocional. Una mezcla de sensaciones que se dispara cuando de alguna manera u otra sentimos que el afecto que recibimos se ve amenazado, cuando creemos que ya no somos especiales, cuando tenemos que compartir lo que consideramos “nuestro”. Y, por si fuera poco, esta sensación casi siempre viene acompañada de otras emociones como la envidia, la rabia o la frustración.

Y es que ¿quién no ha sentido celos alguna vez (o muchas veces) en la vida? Celos de un hermano/a, de una amiga/o, de la pareja, de un compañero/a de trabajo. Los celos forman parte de la naturaleza humana y por ello es fundamental que desde pequeños acompañemos a nuestros hijos, hijas, alumnos o alumnas en este proceso de aprendizaje que no resulta precisamente sencillo y mucho menos en edad temprana.

Muchos niños y niñas expresan sus celos a través de comportamientos que no resultan “sanos” ni “respetuosos” hacia ellos mismo o hacia los demás. Como hemos dicho muchas veces en otros artículos de este blog, los comportamientos en ocasiones no son otra cosa que herramientas que utilizamos las personas para poder expresar lo que sentimos y buscar formas de cubrir nuestras necesidades. Por esta razón, resulta fundamental no tomarnos los comportamientos de los niños y las niñas como algo personal, ya que nos resultaría de mayor utilidad intentar ver qué necesidad está detrás de ese comportamiento para poder así ayudarles a cubrirla, sentirse mejor y, como consecuencia, actuar del mismo modo.

Algunas veces tenemos la suerte de que los niños expresan abiertamente su sentimiento de celos hacia su familia o amigos. Sin embargo, no suele ser lo habitual. En otras mucha ocasiones estos tienen dificultad para entender lo que sienten, para expresarlo y, sobre todo, para gestionarlo, desplegando como resultado un variado y creativo abanico de conductas -llorar, mostrarse triste o retraído, no colaborar, comportamientos regresivos, sueño irregular o pesadillas, peleas o conductas agresivas, etc.-. De esta forma, nos están lanzando señales al viento de que los dichosos celos ya están haciendo su aparición estelar.

Es entonces cuando, como adultos que somos, podemos observar, validar y buscar nuevas formas de conectar con su necesidad desde la empatía que necesitan para así ayudarles a superar esos pequeños retos emocionales a los que se enfrentan cada día. Puesto que, aunque para nosotros es una evidencia que nuestro amor hacia ellos es y será siempre infinito, no está de más recordarles que así seguirá siendo, especialmente cuando se produce algún cambio familiar o escolar significativo en su entorno. Como pueden ser: la llegada de un nuevo hermanito o primo a la familia, cuando alguno de los padres tiene una nueva pareja, cuando piensan que han perdido algún privilegio del que antes disponían o cuando hay un niño nuevo en su grupo de amigos o clase, etc.

Y es entonces cuando nos preguntamos… ¿Cómo podemos ayudarles a entenderlo y superarlo? Pues bien, el primer paso que podemos dar es tomar consciencia de cómo los adultos estamos manejando esas situaciones o conflictos, ya que lo que ocurre muchas veces es que, con toda la buena intención del mundo, la forma en la que los adultos afrontamos estas situaciones echa aún más leña al fuego y alimenta ese sentimiento casi sin darnos cuenta.

En primer lugar, es esencial que entendamos los celos como una respuesta normal y muchas veces inevitable que forma parte de nuestra naturaleza humana. Por ello, es fundamental que eduquemos en un contexto lo más colaborativo posible y no tan competitivo, evitando así comparaciones entre hermanos, amigos o primos. Cada niño y niña es único y especial tal y como es. Además, cada uno muestra diferentes ritmos y tiempos en su desarrollo evolutivo. Ayudarles por tanto a comprender y a apreciar sus cualidades positivas, al igual que las cualidades de los demás, les servirá para entender que no necesitan estar demostrando continuamente su valía y, como resultado, poder desarrollar una autoestima sana.

En segundo lugar, también es importante que evitemos enfadarnos o reaccionar a sus conductas desde la burla, la ironía o la descalificación.  En su lugar, mostrar todo nuestro afecto y comprensión les hará ver que, aunque su forma de expresarlo (su conducta) no sea la más acertada, los queremos tal y como son y legitimamos su sentimiento, aunque no su comportamiento. Lo cual es muy distinto.

Por otro lado, resulta esencial intentar no tomar partido en caso de discusiones o conflicto entre amigos, hermanos o primos, aunque creamos que sabemos con certeza quién ha sido el o la “culpable” o quien lo ha iniciado. Esto se debe a que cuando tomamos partido fomentamos la competitividad y reforzamos sin querer los roles de víctima y victimario. Del mismo modo, evitar ciertas etiquetas como “eres un celoso” es de gran ayuda para que no sigamos reforzando las creencias que los niños pueden estar construyendo sobre sí mismos y sobre el mundo que les rodea y así evitar que se cumplan las profecías auto-cumplidas (efecto pigmalión).

Por último, no nos olvidemos que a todas y todos nos gusta sentirnos únicos aunque sea de vez en cuando. Por lo que no está de más acompañar todos estos “consejos” con el poder buscar un “espacio temporal en exclusiva para nuestros hijos e hijas” -por ejemplo, una vez a la semana-, al que podemos llamar “nuestro momento especial”, tal y como señala la Disciplina Positiva. Este espacio servirá para que como adultos le dediquemos un ratito de nuestra atención plena a cada uno de nuestros hijos e hijas por separado.

Lo que podéis hacer en este momento corre totalmente de vuestra cuenta -jugar a su juego favorito, dar un paseo a solas, cocinar juntos, leer un cuento, etc.- 🙂 . Es decir,  se trataría de disfrutar de un momento a solas con cada uno de ellos por separado -si tenemos más de un hijo- para nutrir ese vínculo especial y hacerle sentir que no necesita competir por nuestro cariño ni demandar nuestra atención de forma excesiva o continuada, ya que nosotros somos conscientes de sus necesidades. Con estos momentos exclusivos, le estamos enviando el bonito y necesario mensaje de que además de disfrutar de esos momentos en los que estamos todos juntos en familia, también nos encanta el poder compartir nuestro tiempo y espacio en exclusiva con cada uno de ellos/ellas por separado, lo que les hace sentir únicos y especiales para nosotros, aportándoles mucha seguridad.

Y recordad que en esto del universo emocional, aunque a veces no resulte nada sencillo, con amor, paciencia y constancia, podemos ayudarles a CRECER poco a poco en todos los sentidos ; )


“Se sufre de dos clases de celos: los del amor y los del amor propio” 

Fiodor Dostoievski 


 

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