Cambio se escribe con “C” de Compromiso

time-for-a-change-2015164__340.jpg

¿Sabías que lo único que está interfiriendo en ese cambio que deseas conseguir y no logras alcanzar eres TÚ? Sí, TÚ, así sin paños calientes. Y es que veces necesitamos que nos digan las cosas de forma clara para poder abrir los ojos y tomar consciencia. Y este es uno de esos momentos. Hoy quiero que reflexionemos sobre por qué a veces nos cuesta tanto cambiar esas cosas que nos molestan o no deseamos en nuestra vida, sobre el por qué nos resulta tan complicado dar el salto definitivo que nos haga salir de una vez por todas de esa rueda de hámster en la que estamos metidos y que nos lleva una y otra vez al mismo punto de siempre.

Desde que me dedico al mundo del coaching, muchas han sido las personas que me han regalado la bonita oportunidad de acompañarles en sus procesos de cambio. He tenido la suerte de tener experiencias y coachees (clientes) de todo tipo, hemos trabajado juntos objetivos y cambios relacionados con distintas facetas de su vida -personal, familiar, profesional-, a pesar de todas las diferencias y particularidades con las que me he encontrado, podría decir que siempre descubro un ingrediente común que hace que las personas consigan un cambio real, profundo y duradero. En otras palabras, la llave que permite que su proceso sea exitoso. Pues bien, permitirme contaros que ese ingrediente no es otro que el grado de compromiso que el cliente tiene consigo mismo.

Así es, sin más, no hay más trucos ni vueltas de tuercas. Si una persona realmente acude a ti de forma voluntaria para cambiar algo de su vida que no le permite sentirse cómodo o que le gustaría mejorar -porque no olvidemos eso, se trata de su vida y el cambio sólo lo puede hacer él/ella-, pero no se compromete verdaderamente consigo mismo/a a llevar a cabo las acciones necesarias para alcanzar aquello que desea, es entonces cuando el proceso se convierte en una auténtica perdida de tiempo para todos y de dinero para el cliente.

Sí, evidentemente, como en todas las profesiones, también es fundamental dar con un buen profesional que te guíe y te acompañe, especialmente en este ámbito en el que hoy en día levantas una piedra y salen muchas personas que se hacen llamar coaches tras haber hecho un cursillo de 2 días y que además venden el coaching como la varita mágica que acabará con todos tus problemas. Y es que tenemos que dejar claro que el coaching únicamente sirve para trabajar cuestiones muy concretas, específicas e incluso limitadas. El coaching no es una terapia psicológica ni debería pretenderlo. Para aquellas cuestiones que sí se pueden trabajar con coaching, esta metodología funciona muy bien y resulta muy efectivo, pero para otras es más que evidente que no.

Es una realidad que el coaching no sirve para todo ni mucho menos abarca el campo de trabajo de un psicólogo ni de un terapeuta. Por lo tanto, en lo primero que debemos tener cautela es a la hora de elegir a un buen profesional que tenga la ética necesaria para informarte sobre que sí y que no se puede trabajar con la metodología del coaching o que, una vez iniciado el proceso, si surgiesen cuestiones que resultan necesariamente ser abordadas desde otro ámbito, te pueda derivar a otro tipo de profesional más especializado.

Una vez aclarada esta cuestión, es curioso comprobar cómo a veces, cuando comienzas a trabajar con un cliente que ha iniciado un proceso de cambio de forma voluntaria y que te comunica que desea dar un cambio en algún ámbito de su vida que además depende de sí mismo, las personas pretendemos delegar la responsabilidad de nuestras acciones -o la falta de ellas- en los demás o en las circunstancias externas. Es común ver cómo los seres humanos buscamos la forma de poner la responsabilidad de nuestros éxitos y de nuestros fracasos fuera de nosotros. Nos resulta mucho más sencillo pensar que son los demás los que tienen la culpa de lo que nos ocurre, en vez de tomar las riendas de nuestra vida e ir de verdad a por aquello que queremos desde el único lugar que nos puede garantizar el éxito: el compromiso y el esfuerzo.

Sí, porque sin compromiso no hay cambio. Porque si no das pasos y actúas, solo te servirá de desahogo, que no es que sea poco, ya lo sé, pero ese no es el cometido final. Es importante que entendamos y aceptemos que solo nosotros podemos llevar a cabo pequeños cambios en nuestra vida. Lo que no podemos pretender es seguir haciendo lo mismo o intentarlo un par de veces únicamente y, como no sale tal y como deseamos, pasar a buscar excusas o culpables más allá de nosotros mismos. Antes de iniciar ningún cambio tienes que desear querer cambiar, pero también comprometerte a salir de tu zona de confort y ser constante, aprender de tus errores sin culpa, pero sí desde la responsabilidad, y enfocarte en los pequeños logros sin pretender que de la noche a la mañana se presenten ante ti todos los resultados que anhelas.

Sé realista y honesto contigo mismo. Te invito a que la próxima vez que desees algo, que pienses que te gustaría tener otro tipo vida, que desees cambiar algún aspecto de ti mismo o de tus circunstancias, te detengas antes 2 minutos y te preguntes: ¿Estoy dispuesto a pagar el precio de pasar por este proceso en el que tendré que hacer cosas diferentes?, ¿Estoy comprometido/a de verdad conmigo mismo/a? Si la respuesta a alguna de estas preguntas es “NO”, sencillamente no es el momento de trabajarlo y no pasa nada por eso. No siempre es el momento adecuado ni estamos preparados en ese instante para ese reto. Espera a estarlo o trabaja en aquellas cuestiones previas que necesitas para poder estar preparado/a.

Recuerda que solo cuando te veas capaz de comprometerse contigo mismo/a, y no me refiero únicamente a querer intentarlo, sino a hacerlo, será el momento de empezar un proceso de cambio por tu cuenta o con la ayuda de un profesional. Llevamos años escuchando la frase de querer es poder. Sin embargo, bajo mi punto de vista, muchas veces no se trata de querer sino de creer. Creer que se tiene la capacidad de cambiar, creer que si damos los pasos necesario llegaremos allí. Pero no te hablo de creer como si fuese un acto de fe, sino de sentirte capacitado. No hay más secretos. El éxito o el fracaso de un proceso de coaching depende de tus acciones y de tener a un profesional ético a tu lado que no juegue con aquello que no es de su competencia. En definitiva, Cambio se escribe con “C” de Compromiso. No lo olvides.


“Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo.”

Gandhi


 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s