No te resignes, pero sí aprende a aceptar

Copia de Landscape photography (14)

¿Aceptar o resignarse? Esa es la cuestión. En ocasiones, cuando nos encontramos ante una situación difícil o dura en la vida, la primera emoción que nos surge como por arte de magia suele ser resentimiento, ira, enfado. Pensamos que la vida no nos ha tratado bien y que no ha sido justa una vez más, e incluso, muchas veces nos negamos a aceptar lo ocurrido por miedo a resignarnos al dolor que nos produce dicha situación.

Sin embargo, aceptar y resignarse, aunque a priori nos puedan llegar a parecer lo mismo, tienen un matiz que las convierten en acciones muy diferente. Y, precisamente en ese matiz, es donde podemos encontrar la clave para aliviar ese sufrimiento que nos está generando nuestra reacción hacia una situación.

Podríamos decir que resignarse es entregarse a la experiencia negativa desde el victimismo o el abandono al sufrimiento. Resignarse es lo que ocurre cuando nos enfadamos con el mundo, pero no buscamos solución. Cuando me encierro en bucle en pensamientos y emociones como la culpa o la injusticia pensando en que lo ocurrido no debería haber pasado y mucho menos a mí y justo ahora ¿te suena, verdad?

Sentir que lo que nos ocurre no es justo y enfadarnos por experimentar una situación dolorosa que la vida nos ha “regalado” es una reacción totalmente humana y natural. No obstante, para poder realmente superar un obstáculo en el camino, pasar página y centrarnos en encontrar una posible solución o alternativa en una nueva dirección, necesitamos movernos desde la aceptación y no anclados en la resignación.

Aceptar no significa en absoluto cruzarse de brazos. Aceptar tiene que ver con abrirnos a la experiencia negativa desde la humildad de saber que no todo está en nuestra zona de actuación ni de control y que, por lo tanto, no podemos controlar todo ni a todas las personas que nos rodean. Aceptar significa respetar y reconocer lo que sí está en nuestro alcance. Cuando acepto, sin odio, sin miedo y sin victimismo, puedo comprender realmente que aunque lo que me ocurre no es probablemente justo y me resulta doloroso, la vida juega siempre sus cartas sin preguntar ni pedirnos opinión y nosotros no podemos hacer demasiado a ese respecto.  Por lo cual, si acepto las circunstancias de lo que me ha tocado vivir, sin abandonarme en un rol de víctima, entonces podré aprender de la experiencia sin resentimiento y construir una posible estrategia con las cartas que me han tocado en la partida y no desde el anhelo inútil de desear tener unas cartas distintas a las que tengo mientras culpo a la suerte de ello.

Aceptar es intentar dejar de ir a contra-corriente y pararme a observar la marea para desde ahí pensar de qué recursos dispongo o qué puedo hacer para conseguirlos y aprovechar así las circunstancias para llegar a puerto. Recuerda siempre que abrirnos a una experiencia desde la aceptación es lo único que nos permitirá aprender, dejar a un lado los bloqueos y explorar nuevos caminos.

¿Y tú, te aceptas a ti mismo y a tus circunstancias o te tratas desde la resignación? Esa es la cuestión 😉

 


“Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma.” C. G. Jung


 

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