Ten el valor de ser imperfecto

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Bienvenidos a la sociedad de los coleccionistas de “likes” y “followers”. Sociedad en la que la palabra competición parece estar presente en cada segundo de nuestro día. Un lugar en el que el input que muchas veces recibimos nos induce a querer conseguir el mejor aspecto físico, ser los mejores amigos, comportarnos como padres o hijos maravillosos, tener las mejores notas, ser los que tienen más títulos, lucir los mejores atuendos… y así, casi sin darnos cuenta, se nos pasa la vida intentando alcanzar aquello que no somos ni tenemos sin disfrutar ni aprender de lo que sí poseemos y sí forma parte de nuestro ser.

¿Y si probásemos aunque solo fuese un día a tener el valor de ser imperfectos?, ¿Qué ocurriría si nos permitiésemos el regalo de aceptar sin más nuestros errores o defectos?  Da un poco de miedo, verdad. Aunque quizás me provoque más pánico el hecho de pensar que muchas veces nos pasamos la vida castigándonos por lo que creemos que pudo haber sido y no fue, consiguiendo así únicamente que esa sensación familiar de culpa y frustración, que normalmente van de la mano, nos acompañe a lo largo del día, las semanas, los meses e incluso hasta años.

Ánimate a responderte a ti mismo ¿qué te dices cuando te equivocas?, ¿qué piensas sobre los demás cuando son ellos quienes lo hacen?, ¿cómo te relaciones con tus errores y con los de tus hijos, pareja, padres, amigos, compañeros de trabajo…? Párate un momento y piensa cuál es tu diálogo interno, qué te sueles decir en esos momentos. Es probable que no seas o hayas sido muy amable contigo mismo. Está bien, no te castigues por ello. Todo eso te ha hecho llegar a donde estás ahora, a tener ganas de mejorar y a avanzar…Pero, ¿a qué precio? Y si pudiésemos aprender lo mismo o incluso más, pero con menos dosis de sufrimiento.

¿Has dejado alguna vez de hacer algo por miedo a equivocarte o “fracasar”?, ¿cómo te sientes contigo mismo sobre ello cada día?, ¿qué es lo peor que podría pasar si te equivocas? Quizás nada tan grave como lo que nos podemos estar imaginando sin tener a veces ni un solo dato objetivo de que las cosas vayan a suceder así.

Atrévete a quitarte la máscara y la mochila de la perfección, no tienes que demostrar a los demás nada más que lo que simplemente eres, que créeme, seguro ya es mucho. Alégrate y dale la bienvenida a cada error porque ahí está la verdadera oportunidad de aprendizaje. Desde la perfección y el éxito no evolucionamos. Cada fracaso es un regalo que si sabemos relacionarnos con él de forma constructiva, sin vergüenza, sin culpa y sin miedo, puede abrirnos nuevas puertas y caminos.

Confía. En la aceptación honesta y profunda de lo que somos y en el amor hacia esa parte “oscura” que muchas veces queremos ocultar por miedo a sentirnos vulnerable es desde donde realmente podremos construir y crecer de un forma sana y respetuosa hacia nosotros mismos y hacia los demás. Solo cuando tomamos las riendas de nuestra vida desde la humildad y la responsabilidad podemos disfrutar de aceptarnos a nosotros mismos, a las circunstancias y a los demás tal y como son. Recuerda que el ser humano es imperfecto por naturaleza, llegamos a ser lo que somos gracias al ensayo y error. Así que no deseches una parte fundamental de ti mismo. Ten el valor de ser humano, ten el valor de ser sencillamente imperfecto y te lo agradecerás muy pronto.

 


 

“No aprendes a caminar siguiendo las reglas. Aprendes haciendo y cayéndote.”

Richard Branson


 

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