¿Preparamos a los niños/as para el camino o allanamos el camino para ellos/as?

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¡Cuántas cosas maravillosas somos capaces de hacer las personas por amor, verdad! Siempre con la mejor de las intenciones, muchas veces cuando queremos a alguien intentamos hacerle la vida más sencilla y llevadera… Y cuando hablamos de nuestros hijos/as, entonces ahí ya no cabe duda de que siempre queriendo lo mejor para ellos/as procuramos protegerles de los posibles errores que puedan cometer, de las consecuencias de sus decisiones y actos y de todo aquello que pueda llegar a ser una piedra en su camino. Sin embargo, ese instinto de protección que nos sale de forma natural en ocasiones, si lo llevamos al extremo, puede provocar un resultado contrario al que deseamos.

¿Conoces el cuento popular de la mariposa que no sabía volar? Seguro que en algún momento has leído o escuchado aquella historia que cuenta que un día de sol, mientras paseaba por el parque, una persona encontró un capullo de una mariposa tirado en el medio del camino. Cuando se acercó, se dio cuenta de que el capullo tenía un pequeño orificio y, desde dentro, una bonita y pequeña mariposilla luchaba por salir. Al ver lo que ocurría y preocupada por ese débil animalito que intentada salir, pero que sin éxito alguno se rendía, decidió ayudar a la mariposa. Fue entonces cuando pasó a romper suavemente el capullo de la mariposa para que pudiese salir y echase a volar.

Tras haberlo hecho, observó sorprendido que las alas de la mariposa eran aún muy pequeñas y que el animalito, por mucho que quería alzar su vuelo, solo conseguía dar vueltas en círculo sin alcanzar su objetivo. Aquella persona decidió esperar un rato, ya que creía que solo era cuestión de tiempo que la mariposa, después de haberla ayudado, pudiese encontrar el modo de echar a volar. Sin embargo, la mariposa aún no tenía sus alas suficientemente desarrolladas y, tras volcar todas sus fuerzas en intentarlo, desistió, muriendo agotada a los pies de un árbol. Lo que aquel caminante desconocía era que ese intento fallido de la mariposa por salir de su capullo no era más que el entrenamiento que ella necesitaba para poder ejercitar sus alas y desarrollar toda la fuerza que requería para poder volar.

Precisamente esa sobreprotección que en ocasiones ejercemos es a lo que me refiero cuando hablo de que, con toda nuestra mejor intención y cariño, con todas nuestras ganas de ayudar y hacerles la vida mucho más fácil, caemos en el error de no dejar que los niños/as desarrollen sus músculos de la resiliencia, su creencia de “yo soy capaz”, su tolerancia a la frustración cuando las cosas no salen a la primera y su autoestima y autonomía cuando son capaces de observarse haciendo las cosas por sí mismos sin la intervención constante de un adulto.

Los niños y niñas necesitan que los empoderemos para desarrollar un buen concepto de sí mismos, para descubrir sus capacidades y desarrollar sus habilidades, pero no solo a través de nuestras palabras cada vez que les decimos un “tú puedes”, sino también permitiéndoles explorar, probar, equivocarse, caerse y levantarse para descubrir por ellos mismos dónde están sus límites a medida que van creciendo.  ¿Cómo podemos ayudarles? Pues toma nota y apunta estos 5 pequeños consejos que hoy quiero compartir contigo y que nos pueden ser de gran utilidad a la hora de conseguirlo 😉

  1. No hagas por ellos aquello que pueden hacer por sí mismos. En su lugar, muestra confianza y déjales intentarlo. Te sorprenderá todo lo que en cada etapa son capaces de hacer.
  2. Fomenta su responsabilidad sin culparles ni avergonzarles. En vez de intentar que aprendan de sus errores a través de la culpa, muestra aliento y ayúdale a enfocarse en una posible solución para que esa situación no vuelva a ocurrir.
  3. Déjales que experimenten las consecuencias naturales de sus actos, siempre y cuando, por supuesto, no corran peligro o su comportamiento sea irrespetuoso hacia ellos mismos o hacia los demás.
  4. Comparte tus sentimientos y preocupaciones sin esperar que ellos/as sientan lo mismo que tú. Esto les servirá de ejemplo para que aprendan a expresar sus emociones sin exigencias.
  5. No estés continuamente encima de ellos ni les des todo lo que te pidan. Expresa tus límites de forma respetuosa, llega a acuerdos a través de la escucha sincera, las preguntas y realizando una lluvia de ideas con opciones que respeten las tus necesidades y las de ellos/as al mismo tiempo.

Recuerda que los desafíos que nos encontramos en nuestro día a día son el combustible que nos permitirá conocernos mejor a nosotros mismos y desarrollar todo nuestro potencial. Ayudémosles a preparar su mochila con las habilidades de vida que necesitan para el viaje y evitemos hacer todo lo posible para allanarles el camino porque no siempre vamos a poder estar ahí evitando que se caigan, pero sí podemos estar a su lado para que cuando ocurra les ayudemos a levantarse y hacerse más fuertes usando así todo ese amor que sentimos por ellos/as.

  • Basado en el capítulo “Consejos útiles para empoderar vs subsidiar” del manual de Disciplina Positiva de Jane Nelsen y Lynn Lott

“Lo más importante que los padres pueden enseñar a sus hijos es a no depender de ellos.” Frank Clark.


 

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