Lo que NO se ve

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Nos pasamos la vida juzgando y sacando nuestras propias conclusiones como si tuviésemos en nuestras manos toda la información acerca de lo que nos rodea. Sin embargo, a veces lo que vemos es solo un simple espejismo sesgado por la ausencia de unos datos que no conocemos.

Cada día vemos cómo los demás se comportan, interactúan -muchas veces hasta actúan-, se visten, se peinan, gesticulan y hablan, vemos lo que nos dicen, pero no lo que NO nos cuentan… No vemos sus historias, sus necesidades, sus miedos, sus esfuerzos, sus creencias, sus fracasos, sus prejuicios, sus vivencias, sus logros o sus huellas… Y aún así nos creemos con el legítimo derecho a pensar y a sentenciar cómo somos y cómo son los demás.

Cada uno de nosotros cargamos una mochila, una mochila llenita de historias y circunstancia que quizás se intuyan, pero que desde luego no siempre se ven. Vemos el éxito, pero no las largas noches de trabajo sin dormir, vemos las malas acciones, pero no un sufrimiento acumulado que no ha sido bien gestionado, vemos la vanidad, pero no la pena oculta de sentirse inferior al otro, vemos la amabilidad, pero no la necesidad interna de sentir que si no agradamos a todo el mundo no nos tendrán en cuenta, vemos sonrisas eternas, pero no las lágrimas previamente derramadas en distintas experiencias.

Hay mil y una historia que no vemos y aún así juzgamos tajantemente cada vez que lo que vemos no encaja en nuestra forma de interpretar el mundo. Lo hacemos hasta de un modo casi inconsciente, por automatismo, sin primero pararnos a pensar de dónde puede venir esa conducta, qué necesidad no está siendo atendida y, sobre todo, cómo lo podemos cambiar.

Creemos saber la causa de todo cuando en realidad no conocemos nada. Apreciamos solo la punta de un iceberg y nos olvidamos de lo robusto que seguramente es ese bloque de hielo que permanece oculto bajo la superficie de un inmenso mar. Detengámonos un momento, observemos, recuperemos la curiosidad genuina e inocente de cuando éramos niños, sin filtros. Miremos a nuestro alrededor con ojos de explorador que por primera vez llega a tierras lejanas. Preguntémonos, cuestionémonos, conozcamos a los demás y a nosotros mismos desde el corazón. Solo así podremos no solo intuir, sino también DESCUBRIR aquello que verdaderamente todos necesitamos porque TODOS somos mucho, muchísimo más que nuestras simples conductas, así que antes de juzgar, mejor… ¡pregunta!


“Cuanto más se juzga, menos se ama” Honoré de Balzac


 

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