Bendita pertenencia

pertenencia

“Pertenecer”. Nos pasamos la vida buscando la pertenencia de forma consciente e inconsciente desde el día que nacemos. ¡Qué importante es sentir que pertenecemos y qué influencia tan grande tiene esto en el modo de vida que adoptamos!

El día que descubrí la Disciplina Positiva y la Psicología Adleriana no paraba de encontrarme por todas partes con la palabra “pertenencia”. En cuanto entendí de qué se trataba, todo cobró muchísimo sentido ¡Y es que no podía ser de otra manera! Pues no es ningún secreto que todos los seres humanos, como seres sociales que somos, buscamos constantemente pertenecer a nuestros grupos de referencia -la familia, los amigos, la pareja, etc.-.  Y es que, además, cuando sentimos que no pertenecemos, cuando pensamos que no somos tenidos en cuenta, cuando sentimos que no formamos parte, inmediatamente nos invade una sensación de malestar que provoca que reaccionemos de maneras muy poco “adecuadas” o “sanas” hacia nosotros mismos y/o hacia los demás.

Sentimos que NO pertenecemos cuando consideramos que lo que nos ocurre NO está siendo justo, cuando NO nos sentimos capaces y vemos que las demás personas NO confían en nosotros, cuando nuestra voz NO cuenta ni es escuchada o cuando NO se nos presta la atención que necesitamos y merecemos ¿Te suena, verdad?

Desde entonces, todo me parecía tan lógico, tan revelador y tan necesario que no he parado de repetir en mis talleres una y otra vez lo importante que es hacer sentir a los niños y a las niñas que pertenecen desde el momento que nacen para que así puedan crecer emocionalmente equilibrados. No obstante, he de confesar que no fue hasta el pasado fin de semana cuando realmente interioricé lo que de verdad significaba PERTENECER y cómo este sentimiento nos marca a lo largo de nuestra vida como adultos cuando no es bien atendido en algún punto de nuestra infancia.

El fin de semana pasado asistí al Congreso de Disciplina Positiva de España. Durante 3 días muy intensos tuve la suerte de compartir maravillosos aprendizajes y vivencias con grandes compañeras de profesión y con las mentoras que llevan años aplicando y viviendo la Disciplina Positiva. Una de esas actividades que hicimos consistió en tener que reflexionar sobre un reto personal. Teníamos que identificar qué valores de los que compartimos con las familias que acompañamos a través de nuestro trabajo nos estaba resultando más complicado poder llevar a la práctica y aplicar en nuestras propias vidas personales y analizar después de dónde creíamos que podría venir esa dificultad.

Pues bien, ahí, justo ahí. En ese preciso instante, mientras pensaba cuál podría ser ese reto, algo dentro de mí hizo click y fue entonces cuando el sentido de pertenencia dejó de ser un concepto teórico y se convirtió en algo esencial que me ayudó a comprender muchas cosas sobre mí misma como adulta y sobre la niña que un día fui.

Quizás pueda resultar poco interesante lo que hoy os quiero contar o a lo mejor sea innecesario explicar la pertenencia a través de este relato personal, no lo sé. Pero, en realidad hoy quiero compartir esta reflexión porque expresarlo en voz alta puede ayudar también a alguien que se pueda sentir en una situación parecida o puede servir para que algún padre o alguna madre comprenda cómo a veces, sin ninguna mala intención por nuestra parte, lo que decimos o hacemos desde nuestra perspectiva como adultos puede hacer que los niños construyan una idea equivocada de lo que ellos necesitan hacer para sentir que pertenecen en sus familias.

Los que me conocéis un poco más sabéis que parte de mi infancia la pasé en Venezuela y otra parte de ella en España. Si tuviese que contar las veces que me he mudado desde que era pequeña creo que me faltarían dedos de las manos. Tener que empezar de nuevo una y otra vez ha sido una constante en mi adolescencia. Todavía a día de hoy cuando me preguntan de dónde me siento, me quedo un poco sin saber qué responder, y es que en realidad es como si no fuese de ninguna parte y fuera de todas a la vez. Estoy segura de que tanto cambio no me ayudó demasiado a esto de encontrar mi sentimiento de pertenencia, pero, en realidad, lo que descubrí reflexionando mientras hacía esa actividad no fue solo eso, sino cómo por malinterpretar la realidad desde mi perspectiva de niña, en algún momento de mi infancia, decidí erróneamente que para poder “pertenecer” a mi familia necesitaba ser una persona que se esforzara siempre al máximo, que siempre cumpliera con sus responsabilidades y que tenía que dar más de lo que se me pedía.

Analizando de dónde podía venir esto. Recordé como a lo largo de mi infancia mis padres repetían una y otra vez que yo era una niña muy responsable y estudiosa y que era una suerte para ellos no tener que discutir conmigo para que hiciera los deberes o para que estudiara. ¡Bingo! Ahí estaba mi creencia errónea de la infancia. Con toda la buena intención del mundo, mis padres, y después incluso hasta mis profesores, repetían lo contentos que estaban conmigo por ser así. Y yo, como toda niña, muy buena observadora, pero muy mala a la hora de interpretar la realidad de forma  acertada, -ya que a esa edad nuestro cerebro no está preparado madurativamente para hacerlo y además tenemos muy poca experiencia social-, decidí, casi de forma inconsciente, que una buena forma de que mis padres y mis profesores me quisieran, me tuviesen en cuenta y estuviesen contentos conmigo sería comportándome así. Sería siendo una persona muy responsable y que siempre cumpliese con todo al máximo.

Y quizás muchos penséis ¿qué tiene de malo eso?, si la responsabilidad es una cualidad muy útil para la vida. Pues, depende –como bien dicen los gallegos-, porque es verdad que ser responsable me ha ayudado y aún me ayuda a mejorar día a día y a conseguir muchos de los objetivos que me propongo a base de esfuerzo. Sin embargo, el problema viene cuando lo tienes tan interiorizado que casi sin darte cuenta te impones el tener que llegar a todo como si fuese una obligación y cuando la responsabilidad se convierte en autoexigencia. Ahí la cosa ya no resulta tan positiva porque tienes que aprender a autocuidarte y descansar sin llegar a sentirte culpable por ello e incluso hasta a aceptar que si no llegas a todo, tampoco pasa nada. Y eso, a veces, no resulta nada fácil.

Todos y cada uno de nosotros en algún punto de nuestra infancia crecimos creyendo que necesitábamos comportarnos de algún determinado modo (a veces poco sano hacia nosotros mismos y a veces poco sano hacia los demás) para poder pertenecer a nuestro grupo de referencia. Esto es lo que se llama en Disciplina Positiva las metas erradas de Dreikurs.

Los niños y las niñas tienen una capacidad increíble para observar todo lo que pasa a su alrededor, pero no son tan buenos interpretando la realidad de forma adecuada, como es lógico por su edad. Por eso, muchas veces en busca de la atención que ellos creen que necesitan, en busca de sentirse capaces, en busca de sentir que su voz es también escuchada o en busca de expresar su dolor, se comportan usando conductas que no consideramos las más adecuadas o respetuosas. Un mal comportamiento no es más que una herramienta, una solución poco efectiva y mal enfocada.

No es nuestra “culpa” como adultos que los niños se formen una creencia errónea de la realidad, pero sí nuestra responsabilidad como educadores el poder ayudarles a interpretar sus experiencias y vivencias de la mejor forma posible. Ayudarles a que tengan herramientas para su día a día. Pero, para poder hacerlo necesitamos ver más allá de su conducta y observar la necesidad que se esconde detrás de su mal comportamiento porque solo así le podremos enseñar que ellos PERTENECEN sin condiciones y que las personas somos muchísimo más que nuestra conducta muchas veces mal enfocada. 

 


 “Un niño que se porta mal es un niño desanimado” R. Dreikurs.


 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s